Generalidades en asma

¿Qué es el asma?

El asma es una afección enfermedad crónica de los pulmones que inflama y estrecha las vías respiratorias que usualmente produce dificultad para respirar y silbidos en el pecho. En otras ocasiones no causa los síntomas típicos, sino que puede producir sólo tos, o a veces sólo falta de aire al hacer ejercicios. Lo cierto es que cuando ocurren los síntomas, pueden ser aterradores y en algunos casos, mortales.

Cuando las vías respiratorias reaccionan, los músculos que las rodean se contraen. Esto las estrecha y hace que llegue menos aire a los pulmones. La hinchazón también puede empeorar y estrechar las vías respiratorias aún más. Las células de las vías respiratorias pueden producir más mucosidad de lo habitual. La mucosidad es un líquido pegajoso y espeso que puede estrechar aún más las vías respiratorias.

Los síntomas típicos del asma son:

•Respiración dificultosa con silbidos en el pecho

•Tos

•Apretazón de pecho

•Falta de aire

La frecuencia de los síntomas tanto de día como de noche, nos ayudan a poder determinar el grado de control del asma. Esto es importante porque esto determina, al menos en parte, el tratamiento que el paciente debe seguir para el manejo de su asma.

 

¿Cómo se diagnostica el asma?

El médico determinará además la gravedad del asma, es decir, si es intermitente, leve, moderada o grave. El tratamiento que recete dependerá de la gravedad.

Antecedentes médicos y familiares

El médico puede preguntarle sobre sus antecedentes familiares de asma y alergias. También puede preguntarle si tiene síntomas de asma y cuándo y con qué frecuencia se presentan.

Dígale si sus síntomas parecen presentarse solo durante ciertas épocas del año o en ciertos lugares, o si empeoran por la noche.

Es posible que el médico quiera saber qué factores parecen provocar o empeorar sus síntomas. Si desea más información sobre posibles factores que desencadenan el asma, vea «¿Cuáles son los signos y síntomas del asma?»

El médico puede preguntarle si tiene problemas de salud relacionados que puedan interferir con el control del asma. Estos problemas pueden consistir en goteo nasal, sinusitis, reflujo, estrés psicológico y apnea del sueño.

Chequeo físico

El médico le auscultará el pecho para oír sus sonidos respiratorios y buscar indicios de asma o alergias. Entre estos signos están las sibilancias, el goteo nasal o la inflamación de las vías respiratorias nasales, así como los problemas alérgicos de la piel, tales como el eccema.

Tenga en cuenta que usted puede tener asma aunque no tenga estos signos cuando el médico lo examine.

EL diagnoticos se hace mediante una espirometría. Es una prueba de respiración para ver cómo funcionan sus pulmones. Esta prueba usualmente se hace en el consultorio de los médicos especialistas en enfermedades respiratorias, los neumólogos.

¿Cómo se trata el asma?

Existen diferentes opciones de medicamentos. Los más frecuentemente utilizados son los inhaladores de dosis medida, más conocidos como “bombas”. También hay opciones para nebulizarse y otros tipos de inhaladores ya sean en polvo seco o en cápsulas inhalables. Hay 2 efectos básicos que buscamos en los medicamentos para el asma:

•El rescate. Son tratamientos de acción rápida. Su inicio de acción es en 5 a 15 minutos.Toda persona asmática debe tener siempre un inhalador de alivio rápido consigo. Este tipo de medicamentos se usa sólo en caso de una crisis de asma.

•El control. Su utilidad se ve a largo plazo. Son medicamentos que previenen crisis futuras y por su mecanismo de acción, deben ser utilizadas todos los días sin importar la presencia o no de síntomas.

Es importante tomar en cuenta que el asma es una enfermedad potencialmente mortal. Si tiene síntomas de asma frecuentes o severos, es importante mantener un contacto cercano con su neumólogo y tener un plan de acción para manejo de una crisis en su hogar o lugar de trabajo. En caso de no mejorar los síntomas con dicho plan de acción, es importante acudir a un centro de salud para la rápida atención de su crisis.

 

Prevención de las crisis

El asma es una enfermedad crónica que no puede curarse, pero a menudo las crisis individuales pueden prevenirse. Los esfuerzos preventivos dependen de la frecuencia y de los estímulos que desencadenen las crisis.

Identificar y eliminar o evitar los estímulos que desencadenan los ataques por lo general puede evitar que éstos se produzcan. Las personas que tienen asma deben evitar el humo del tabaco y tratar de evitar la exposición a personas con infecciones de las vías respiratorias altas. Con frecuencia, las crisis provocadas por el ejercicio se pueden prevenir tomando con antelación un medicamento para el asma. Cuando el polvo y los alérgenos son los desencadenantes, tanto los filtros como los acondicionadores de aire u otros tipos de barreras (como los protectores de colchón que reducen la cantidad liberada al aire de partículas procedentes de los ácaros del polvo doméstico) pueden ser de mucha ayuda.

Evitar la aspirina u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) ayuda a prevenir los ataques en aquellas personas cuyo asma se desencadena por estos fármacos. Los fármacos que bloquean los efectos beneficiosos de los fármacos beta-adrenérgicos (denominados betabloqueantes) pueden empeorar el asma.

La inmunoterapia contra las alergias (desensibilización, ver Inmunoterapia alergénica (desensibilización)) mediante el uso de vacunas para las alergias puede ayudar a prevenir ataques en personas cuyo asma está producido por alergias. En los sujetos cuyo asma se desencadena por la aspirina o los AINES también se puede usar un programa de desensibilización supervisado por un médico.

Ciertos fármacos, tales como corticoesteroides inhalados u orales, modificadores de los leucotrienos, fármacos beta-adrenérgicos de acción prolongada, metilxantinas, antihistamínicos o estabilizadores de los mastocitos se utilizan para prevenir ataques en la mayoría de las personas con asma.

CÓMO EVITAR LAS CAUSAS MÁS FRECUENTES DE LAS CRISIS DE ASMA

Los alérgenos domésticos más frecuentes son los ácaros del polvo, las plumas, las cucarachas y la caspa de los animales. Cualquier acción encaminada a reducir la exposición a estos alérgenos puede disminuir el número o la gravedad de las crisis.

Ácaros del polvo doméstico: la exposición a los ácaros del polvo doméstico puede reducirse eliminando la moqueta y manteniendo durante el verano una humedad relativa baja (preferiblemente, por debajo del 50%) mediante el uso de aire acondicionado. Además, la utilización de almohadas especiales y fundas para el colchón puede servir para reducir la exposición a estos ácaros.

Caspa de animales: a menudo hay que prescindir de animales de pelo, con mayor frecuencia perros y gatos, para reducir la exposición general a la caspa de estos animales. Otras medidas que pueden ser de ayuda incluyen limitar el acceso del animal doméstico a ciertas habitaciones de la casa o, si es posible, mantenerlo en el exterior. También es conveniente bañarlo todas las semanas.

Vapores: también se deben evitar los humos irritantes, como el del tabaco.

Fármacos: en algunas personas que padecen asma, la aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos desencadenan los ataques. La tartrazina, un colorante amarillo utilizado en algunos fármacos orales y en alimentos, también puede provocar una crisis.

Sulfitos: los sulfitos, que se agregan como conservantes a los alimentos, pueden desencadenar crisis en personas susceptibles a sufrirlos, tras ingerir ciertos alimentos o beber cerveza o vino tinto.

Frío: al realizar actividades al aire libre cuando hace frío, las personas que tienen asma deben protegerse con un pasamontañas o una bufanda que cubra la nariz y la boca para que el aire respirado penetre cálido y húmedo.

Cómo usar un inhalador con dosificador

·      Agitar el inhalador después de destaparlo.

·      Exhalar durante 1 o 2 segundos.

·      Poner el inhalador en la boca a una distancia de entre 2,5 y 5 cm y comenzar a aspirar lentamente, como sorbiendo una bebida caliente.

·      Mientras se comienza a inhalar, presionar el extremo del inhalador.

·      Inhalar lentamente hasta notar los pulmones llenos. (Todo el procedimiento debe durar 5 o 6 segundos).

·      Aguantar la respiración durante 10 segundos (o tanto como sea posible).

·      Exhalar. Si se requiere una segunda dosis, repetir el procedimiento al cabo de 1 minuto.

·      Si resulta difícil coordinar la respiración con este método, se puede utilizar una cámara espaciadora.

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